Los Soprano crítica sin spoilers

Un mes de enero de 1999 se estrenó la serie Los Soprano. Una serie que marcó el resurgir de una cadena, venida a menos, llamada HBO y el comienzo de lo que se conoce como la Tercera edad de oro de las series de televisión. En este mes de enero de 2021 quería rendir mi pequeño homenaje a esta maravillosa producción.

Adam Chase, el creador de la serie también fue un precursor en muchos aspectos, revolucionó en gran medida el concepto de guionista de televisión y señaló el camino para otros muchos que llegaron después.

No es televisión. Es HBO.

Y al principio todo era un territorio yermo de ideas y buenos guiones. Hasta que un buen día, HBO decidió que la calidad en los programas de televisión era un nicho de mercado tan válido como lo podían ser la música para la MTV o las noticias para la CNN. Los dirigentes de HBO decidieron confiar en sus instintos y apostarlo todo a una serie que marcara el camino a seguir.

Confiarían todos sus esfuerzos y recursos en una única serie capaz de hacer saltar la banca por los aires, y si fracasaban con ese nuevo producto, entonces HBO habría de replantearse incluso la viabilidad de su negocio.

Así que optaron por rescatar un guion de David Chase, el cual había estado mendigando durante años por las cadenas y productoras tradicionales (CBS, FOX, NBC) como si se tratase de uno de esos zombies de The Warlking Dead. Al fin y al cabo, era fácil entender que este guion no encontrara acomodo en las viejas estructuras televisivas. Consistía en la historia de un grupo de tíos gordos de New Jersey con problemas de identidad, y que se dedicaban nada más y nada menos que al manido mundo de la mafia. La serie: Los Soprano.

¿Por qué es tan importante Los Soprano?

Los Soprano fue la primera serie contemporánea que marcó un antes y un después en la forma de hacer y concebir la televisión. Hasta los títulos de crédito eran una auténtica obra de arte: se mostraba un opening con una canción atractiva y de calidad, que además duraba varios minutos, lejos de las tradicionales entradillas que se venían haciendo hasta el momento, en las que los productores se limitaban a insertar una musiquilla absurda y breve, con menos salero que las melodías de entrada de los informativos.

Las cosas estaban cambiando, el opening de Los Soprano indicaba ya toda una declaración de intenciones. Y mostraba ese viaje interior del personaje de Tony Soprano llegando a casa por las calles de New Jersey al ritmo de la canción Woke Up This Morning.

Tony Soprano

Según cuenta Brett Martin, James Gandolfini necesitó convencer varias veces a los productores de que él, era el auténtico y único Tony Soprano, un tipo gordo y en apariencia simplón que hereda el negocio familiar basado en unos negocios sucios. Pero lo más importante: un padre de familia desdibujado y con graves problemas de personalidad, que tenía que lidiar, entre asesinato y asesinato, con las largas sesiones de ayuda con su psicóloga y afrontar los miedos de unos fantasmas emocionales que le quitaban el sueño y le hacían soñar con patos y una vida mejor.

Un drama familiar que presentaba las vergüenzas de la unidad familiar estadounidense, como también hizo la película American Beauty, casualidad o no, un año después. No en vano, junto a la dirección de Sam Mendes en la cinta protagonizada por un espectacular Kevin Spacey (ese John Doe de Seven), estaba otro de los futuros maestros televisivos como es Alan Ball (True Blood, Banshee).

Los Soprano se estrenó un 10 de enero de 1999 y pilló por sorpresa a propios y extraños. Muy pronto fue seguida por el público, que no esperaba una serie de esas características. Y lo más significativo: la crítica se rindió a los pies de Chase y colocó a la serie como una obra de arte desde sus comienzos.

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Episodio Universidad

Concretamente, lo hizo desde la emisión del mítico episodio 1×05 Universidad. En él, Tony y su hija Meadows deciden emprender un pequeño viaje para conocer las universidades de la zona y tomar la decisión de cuál es más conveniente para el futuro de la incipiente universitaria.

Lo que parece un episodio de relleno, sin importancia, marca en realidad la clave de toda la serie. Durante él se abre una subtrama en la que Tony se reencuentra con un viejo amigo que, años atrás, había delatado a parte de su asociación mafiosa y gracias a ello se salvó de acudir a prisión, por lo que vivía escondido mediante un programa de protección de testigos.

Al final del episodio, Tony debe decidir si comportarse como un buen padre de familia o como un capo de la mafia, o mejor dicho si puede conciliar ambos mundos. Tony, sin que Meadows lo descubra, decide asesinar a sangre fría a la rata que había amenazado a su organización. El viaje interior del capo había dado un giro brutal y sin precedentes, el descenso a los infiernos había comenzado.

Los Soprano póster

Universidad le valió a Adam Chase gran cantidad de premios al mejor guion y al mejor episodio de una serie de televisión. Lo sucesivo, ya lo conocemos, Los Soprano se convirtió en una serie de referencia y marcó sin duda el despegue de HBO hasta convertirla en una nueva forma de hacer televisión.

Adam Chase, sin saberlo, había abierto el camino al resto de esos extraños compañeros de viaje en que se habían convertido los showrunners.

Desde el estreno de Los Soprano, los peces gordos de la televisión y, fundamental, la propia audiencia, se habían dado cuenta de que había otras formas de hacer series. Y ese nuevo estilo molaba. Molaba mucho.

Antes de Los Soprano, la parrilla de HBO solo incluía películas de serie B, viejas películas descatalogadas, películas eróticas casi pornográficas o deportes. No obstante, desde el principio siempre contó con un público adicto, pues abría una ventana a un mundo prohibido por la doble moral norteamericana. Los espectadores podían ver a cualquier horas escenas de acción, sexo y —en abundancia, viniesen a cuento o no— desnudos, muchos desnudos.

En HBO daba la impresión de que se podía ver cualquier cosa, y ese espíritu todavía se mantiene en la actualidad. Por ejemplo, podemos ver series personalísimas de gran calidad en la que se mezclan guiones sobresalientes con desnudos a partes iguales. Que se lo digan si no a la Khaleesi (Emilia Clarke) y sus controvertidos desnudos en las primeras temporadas de Juego de tronos.

La nueva figura del showrunner

Desde luego, la sala de guionistas y el plató de rodaje de Los Soprano —probablemente la primera gran serie que abrió el camino de las series actuales— debió de ser de todo menos aburrido, como así relata Brett Martin, redactor de la revista GQ en su libro Hombres fuera de serie.

Las anécdotas con David Chase fueron muchas y también los alocados momentos que su protagonista —el fallecido James Gandolfini— protagonizó cuando más de una vez llamó al estudio porque se había quedado literalmente tirado en mitad de la nada, después de haberse ausentado varios días del rodaje víctima de un descomunal resacón.

Hablo de grandes guionistas que un buen día decidieron sacar sus guiones llenos de polvo de unas desvencijadas cajoneras y probar suerte con los productores y dueños de las nuevas cadenas de televisión por cable, a saber: HBO, FX o AMC.

Estos nuevos guionistas eran tipos que cumplían a la perfección con el slogan «JASP» de aquel anuncio de coches, es decir, jóvenes aunque sobradamente preparados. Se caracterizaban por romper los estereotipos implantados hasta ese momento en la industria televisiva. Se acabaron los señores cincuentones embutidos en trajes lo suficientemente caros como para demostrar que los que mandaban eran ellos, y que no dejarían en manos de nadie, sus parrillas televisivas llenas de grasa requemada.

Estábamos ante grandes talentos carentes de suerte con sus guiones, ya que hasta esa fecha la televisión no había encontrado un hueco para acomodarlos. Despeinados, recién cumplida la treintena y vestidos con zapatillas de grandes lengüetas y camisetas del WalMart.

Estos tipos entraron en las incipientes cadenas por cable y revolucionaron el mundo de la televisión y las salas de guionistas. El proceso de creación de un guion era mucho más intenso, pasional e improvisado.

Había todo un equipo de grandes guionistas trabajando en cada episodio bajo las órdenes del líder de ese equipo de redactores, el creador y desarrollador de la serie, lo que hoy se conoce como showrunner, pero que en esos años de las décadas de los ochenta y noventa, sonaba más (como solía decir David Chase) a una marca de moto de agua, que a un cargo en una serie de televisión.

Otras curiosidades

Además de los ya mencionados escarceos de Gandolfini con el lado más turbio de la interpretación, el reparto de esta producción estaba repleto de actores que habían tenido sus más y sus menos con la ley.

El caso más destacable es el del personaje de Paulie Gualtieri (interpretado por Tony Sirico). Este actor ha sido relacionado con la mafia en la vida real (la familia Colombo) y suma a sus espaldas varias decenas de condenas por crimen organizado. Durante una de sus estancias en prisión entró a un grupo de teatro amateur que le valió varios papeles (en sus épocas que no estaba a la sombra) en producciones del género, alguna de ellas tan importante como El Padrino de Martin Scorsese.

Sirico prestó su voz a Vinny, el perro que estuvo a punto de sustituir a Brian en la serie animada Family Guy.

Tony Soprano y Paulie

De hecho, muchos de los actores habían pasado algunas temporadas en la cárcel, por delitos más o menos graves. Es el caso de Steve Schirripa (que interpretaba al bueno de Bobby Baccalieri).

El actor que interpretaba a Anthony Jr. (hijo de Tony Soprano) tuvo problemas posteriores con la justicia debido a una mala gestión de la fama y de su incipiente carrera como actor.

Otra curiosidad: el bueno de Sil (el consejero de Tony) no tuvo problemas con las autoridades, pero lo que muchos no saben es que es el guitarrista de la banda E Street Band, grupo que acompaña a Bruce Springsteen en todos sus conciertos. Además es un productor musical muy afamado y que tiene su propio podcast de gran éxito en Estados Unidos.

Por si fuera poco, se confirman los rumores de que HBO lanzará una película en forma de precuela sobre los orígenes de Tony, la cual será protagonizada por el hijo de James Gandolfini.

Sil Bruce Springsteen Los Soprano

Explicación del final de Los Soprano

El 10 de junio de 2007, con una sexta temporada más extensa de lo habitual, el programa emitía su último episodio. A partir de ahí comenzó un legado que los seriemaníacos de todo el mundo todavía recuerdan.

El final de Los Soprano había supuesto una revolución televisiva y al igual que otros finales (como el de Lost) su cierre todavía sigue dando mucho que hablar.

David Chase nunca quiso explicar el final de forma explícita. Ese fundido en negro, del que tanto se ha escrito, daba a entender que la vida continúa, que la muerte es una amenaza latente para todos, especialmente si eres el capo de una familia mafiosa de Nueva Jersey. El mensaje queda refrendado por la letra de la canción  Don’t Stop Believin (del grupo Journey)

Algunos ganarán, otros perderán,
algunos nacieron para cantar un blues,
oh, la película nunca termina,
sigue y sigue y sigue…

Eso es lo bonito de la vida, de la serie: el no saber cuando puede ser nuestro último día en el mundo, lo que nos lleva a pensar que debemos vivir cada instante como si fuera el último. Debemos disfrutar de cada momento, de los pequeños placeres de la vida, como pasar una noche en una pequeña cafetería de la ciudad junto a nuestros familiares.

¿Esos tipos que entran a la cafetería vienen en busca de Tony para matarlo? ¿Se convertiría el local en una matanza? ¿Muere Tony ante sus seres más queridos mientras degusta unos aros de cebolla?

Bobby a Tony hablando de la muerte: «Lo más habitual es que no lo oigas cuando ocurre».

En realidad la composición de la escena es de lo más normal y cotidiano. Quizás somos nosotros, nuestra experiencia al haber visto la serie, los que pensamos que Tony merece ser asesinado. Los que estamos atribuyendo a un simple tío con gabardina, acodado en la barra de un bar, unas características que no nos han descrito, estamos creando unas implicaciones subjetivas, proyectando lo que nuestra mente desea o razona.

Parece lógico pensar en un final dostoyevskiano, el mafioso merece morir: por lo que cualquier acto cotidiano, como ir a comprar el periódico, puede ser un pulso ante la muerte o ante unos posibles sicarios que quieran liquidarlo.

Tony le replica a su tío Junior al charlar sobre la muerte: «¿No me dijiste eso: Que me centrara en los buenos momentos?»

Alan Sepinwall y el final de Los Soprano

En unas declaraciones a medios especializados, David Chase sufrió un lapsus que muchos han empleado para explicar el final. Le ocurrió al periodista Alan Sepinwall, el cual estaba realizando unas entrevistas al equipo de la serie para la creación del libro The Sopranos Sessions. Hablando de la última escena, el propio Chase aludió al momento pronunciando las palabras: escena de la muerte.

Chase siempre había dicho que su final era un final abierto, uno de esos finales que te perseguirá a lo largo de tu vida y que cada vez interpretas dependiendo de tu estado de ánimo. Las elipsis argumentales siempre habían sido marca de la casa de Chase. Queda de manifiesto esa sensación que todos tuvimos: pensábamos que el dvd o la conexión al streaming de HBO se había caído. Fueron 10 segundos interminables de un silencio atronador.

Escena final de Los Soprano

Documental homenaje de Los Soprano a James Gandolfini

Opening de Los Soprano

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