El viaje hacia el lado oscuro: El antihéroe

Si algo marca esta nueva forma de hacer televisión es la presencia de un nuevo icono narrativo: el antihéroe.

Las pantallas televisivas se estaban colmando de personajes muy complejos, impensables unos pocos años atrás. Personajes grises (porque no eran ni blancos, ni negros) llenos de matices y aristas por descubrir.

Se acabó el prota más bueno que el pan tierno, trabajador ejemplar y buen padre de familia, que se debía enfrentar a determinadas situaciones o enfrentarse a un malo malísimo. Nada de eso, ahora nuestro héroe era un personaje distinto, ni bueno ni malo, o mejor dicho con sus luces y sus sombras.

Personajes representativos a la perfección de la decadencia de la sociedad norteamericana, tan perfecta de cara a la galería, pero con quilos de mierda escondidos bajo la alfombra de puertas adentro.

Inesperadamente, miles de norteamericanos comenzaron a engancharse a estas series, se retorcieron desde la comodidad del salón de su casa y se llevaron las manos a la cabeza, al tiempo que no apartaban la mirada de sus televisores, mirando de soslayo las imágenes a través de las rendijas que sus dedos colocados en el rostro dejaban pasar. Había algo en esos seres despreciables que llamaba la atención del espectador.

Expresiones como «¡Son tan reales!, ¡Le ocurre lo mismo que a mí!, ¡Yo habría actuado de la misma forma!» surgían frecuente y espontáneamente durante el visionado de estos episodios.

Al fin y al cabo, la audiencia estaba comenzando a empatizar con los protagonistas de las series (mayoritariamente masculinos) por muy censurables que fueran algunas de sus acciones.

Vic Mackey antihéroe series de televisión

Los personajes principales de las nuevas series eran polis corruptos (Vic Mackey), o profesores de instituto que, hartos de como los había tratado la vida, deciden vivir al límite como capos de la droga (Walter White en Breaking Bad), o lideraban un grupo de moteros con dudosas intenciones (Jax Teller en Sons of Anarchy), o incluso eran capaces de asesinar a toda clase de gentuza, aunque para ello se tuvieran que convertir en un asesino múltiple, como Dexter Morgan en las inquietantes y maravillosas primeras cuatro temporadas de la serie Dexter.

La carrera por conseguir el poder estaba justificada para personajes detestables como Francis Underwood (Kevin Spacey), uno de los mayores cretinos que hemos visto en el mundo de las series, pero del que nos enamoramos perdidamente en House of Cards. Lo de sus escándalos sexuales, es otra historia que precisamente estalló cuando me encontraba enfrascado en la escritura de este libro.

Algo parecido ocurre con los personajes de la serie The Walking Dead, capaces de vender a su madre por escapar de los zombis. Esto se ve en algunas medidas desesperadas que personajes como Shane tienen que tomar (ejemplo durante la segunda temporada de la serie, en la mítica escena en la que Shane hiere de gravedad a Otis –su orondo compañero de escapada– para de este modo dejarlo atrás y que los zombis se entretengan devorándolo).

Jax Teller antihéroe series de televisión

Estos antihéroes acapararon las series de televisión, hasta el punto que llegaron a ser los protagonistas absolutos de la clásica sitcom estadounidense. De series como Los problemas crecen, Alf, El príncipe de Bel-Air, Cosas de casa, Yo y el mundo o Padres forzosos, pasamos a series protagonizadas por auténticos tarados, que representaban todo lo contrario al perfecto cabeza de familia, y que se hallaban bajo el estigma de la cambiante sociedad norteamericana.

Estas nuevas sitcoms se convirtieron rápidamente en series de culto, aunque algunas de ellas no podían presumir de unas cifras de audiencia tan ingentes como sus predecesoras. Cabe destacar por ejemplo, series tan irreverentes y subversivas como Matrimonio con hijos, con su brillante personaje de Al Bundy (interpretado por Ed O’Neill, ahora recuperado para la causa con la serie Modern Family), o la menos conocida Búscate la vida, escrita, dirigida y protagonizada por Chris Elliot, que encarnaba a un tipo treintañero y acabado, que se ganaba la vida repartiendo periódicos en su bicicleta y vivía con sus padres, los cuales siempre parecían vivir en la cocina desayunando en pijama. Una serie brutal y muy divertida.

Después vinieron muchas otras, como Shameless, como la serie de animación Padre de familia, mucho más salvaje que su predecesora Los Simpsons, o la hilarante Dos hombres y medio, en la que Charlie Sheen se reía de sí mismo con grandes dosis de cinismo, y en la que el espectador tenía que jugar a desenmarañar la fina línea que separaba al actor de su alter ego en la pantalla.

Pero no siempre se ve el papel del antihéroe de una forma tan explícita. Algunos personajes son muy buenos en sus trabajos, o son grandes héroes que luchan contra el mal, pero son personajes imperfectos llenos de taras emocionales, o son pésimos padres de familia. Me viene a la cabeza la pareja de detectives de la serie The Killing (una de mis series favoritas de siempre) Sarah Linden y Steven Holder.

Grandes detectives, adictos a su trabajo y en poner entre rejas a los criminales más abominables, pero que no dudan en descuidar a sus familiares y amigos. Más flagrante resulta el caso de Linden. Inmersa en su primer caso, desatiende sus responsabilidades de madre, lo cual se deja entrever en un episodio aburrido e innecesario para muchos. El episodio en cuestión corresponde a la primera temporada.

En él vemos cómo el hijo de la detective desaparece, por lo que han de iniciar una búsqueda por toda la ciudad, con la latente amenaza de que quizá haya muerto también a manos del asesino que persiguen. Este episodio incomprendido para la mayoría de espectadores, refleja a la perfección el tormento interior que Sarah vive como madre. En Seattle –ciudad oscura y resentida–, solo Sarah y Holder se tienen el uno al otro, solo ellos se comprenden y ven las cosas de un mismo modo. Antihéroes en estado puro.

Si una serie llevó a la quintaesencia el papel del antihéroe, es la serie británica Misfits emitida por el canal E4. En ella, un grupo de pequeños delincuentes se reúnen en un centro social para realizar trabajos forzosos en beneficio de la comunidad. Allí, una tormenta eléctrica les otorga a los chicos unos poderes de lo más particular y original.

De este modo se convierten en una especie de superhéroes de barrio obrero, que nada tienen que ver con los héroes que colman las taquillas de cine o las nuevas series de televisión teenager, inspiradas en los universos de Marvel o DC Comics.

El líder de este particular grupo de inadaptados, Nathan Young, encarnado por el actor Robert Sheehan, en uno de los papeles más frescos, insolentes y caraduras que se recuerdan en la historia de la televisión. La serie murió de éxito muy pronto, y tras la segunda temporada, la mayor parte del reparto abandonó el proyecto ante las millonarias ofertas recibidas para realizar otras series, cine o teatro.

Veamos un caso. El personaje geek (perdedor, sin éxito y con poca personalidad) lo representaba Iwan Rheon, un actor emergente convertido poco después en el objetivo de la ira de todo el planeta televisivo encarnando a uno de los malos más malísimos de la tele, el bastardo Ramsay Bolton de Juego de tronos.

Uno de los momentos más memorables de la serie Misfits sucede al final de la primera temporada, cuando Nathan debe solventar un problema con una especie de chicos zombis embutidos en unos repipis cárdigan de colegio privado. (Este tipo de aventuras eran algo habitual en la serie).

Para ello, Nathan se sube a la azotea del Centro Social en el que trabajan y pronuncia un interesante discurso. Como anécdota, diré que dicho Centro existe realmente. Se halla ubicado en la deprimida barriada del norte de Londres de Soutmere Lake, mismo lugar en el que se grabaron escenas de La Naranja Mecánica (Stanley Kubrick, 1975). Un lugar que he tenido la suerte de visitar y que es incluso mucho más peligroso de lo mostrado en la serie. (No te pierdas nuestro post: dónde se graba la serie Misfits)

Como decía, en esa azotea, Nathan declama un discurso que pasará a la posteridad por su cruel y realista visión de toda una generación que ha crecido viendo series de televisión. Una generación perdida, de chicos nacidos durante los años ochenta. Algo así como la sociedad británica dibujada con acierto por Danny Boyle en su también mítica Trainspotting y el discurso de entrada «Elige una vida».

Esta generación, a la que algunos estudiosos han denominado como generación Z, es una generación de jóvenes desnortados que no encuentran su sitio en el mundo, un mundo que les ha dado la espalda en demasiadas ocasiones a través de la gran crisis económica mundial, la corrupción de la clase política y los problemas sociales de desempleo.

Discurso de Nathan «Somos la peor generación de todas». (Misfits. E4 Channel. 2009)

«Os tienen todo el día pensando cómo debéis ser. ¡No! ¡Somos jóvenes! ¡Se supone que debemos beber, portarnos mal, y follar hasta reventar! Estamos diseñados para la fiesta. ¡Es así!

Sí, algunos de nosotros tendremos sobredosis o nos volveremos locos, pero Charles Darwin dijo: «No puedes hacer una tortilla sin romper unos cuantos huevos». Y de eso se trata: de romper huevos. Y por huevos, me refiero a no ser un cóctel de gente perfecta.

Si pudierais veros, se me parte el corazón. ¡Vestís cárdigan!

Lo teníamos todo, la hemos cagado más y mejor que ninguna generación. Somos preciosos. Somos desastres, yo soy un desastre. Y planeo serlo hasta los veintimuchos o incluso hasta los treintaypocos. Y me follaría a mi madre antes de que nadie me quitara eso».

Discurso de Trainspotting «Elige una vida» (Danny Boyle, 1996)

«Elige una vida, elige un empleo, elige una carrera, elige una familia. Elige un televisor grande que te cagas. Elige lavadoras, coches, equipos de compact-disc y abrelatas eléctricos.

Elige la salud, colesterol bajo y seguros dentales, elige pagar hipotecas a interés fijo, elige un piso piloto, elige a tus amigos.

Elige ropa deportiva y maletas a juego. Elige pagar a plazos un traje de marca entre una amplia gama de putos tejidos.

Elige el bricolaje y pregúntate quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el puto sofá a ver teleconcursos que emboban la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura.

Elige pudrirte de viejo cagándote y meándote encima en un asilo miserable, siendo una carga para esos niñatos egoístas y hechos polvo que has engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la VIDA.

Esta es la sociedad que ha comenzado a reflejarse en las series de televisión, esta es la sociedad en la que nuestros antihéroes han de abrirse paso hasta llegar a la tierra prometida de Ítaca. El viaje del antihéroe ha comenzado y necesita tu ayuda y empatía para poder lograrlo ¿Estás preparado?»

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