Reseña de la tercera temporada de Daredevil

El universo de Marvel en Netflix se encuentra en plena ebullición. Resulta curioso que, en cosa de una semana, hayamos recibido las noticias de la cancelación de Iron Fist y Luke Cage (tras sus respectivas segundas temporadas) a la par que se estrenaba a bombo y platillo la tercera temporada de la serie que dio origen a dicho universo: Daredevil, el demonio de Hell’s Kitchen. Dejemos las cosas claras: aunque entretenidas y con sus momentos destacables, ninguna de las series nacidas al calor del éxito de Daredevil han conseguido llegar al nivel de ésta ni en intensidad, ni en inteligencia, ni como espectáculo puramente cinematográfico.

No sabemos qué pasará con Luke y Danny Rand en el futuro, si habrá nueva entrega de The Defenders, si Disney los recatará en la nueva plataforma Streaming que prepara, o si serán personajes de los que echar mano para futuras temporadas de Daredevil, Jessica Jones o The Punisher (shows que, de momento, siguen vivos), pero de lo que no cabe ninguna duda es que vamos a tener Matt Murdock para rato. Y digo Murdock por ser la cabeza visible, pero es obvio que estamos ante una serie cada vez más coral, en la que tanto héroes como villanos están perfectamente construidos y perfilados con mimo, obteniendo la mayoría de ellos sus momentos de gloria a lo largo de los intensos 13 episodios.

De hecho, esta tercera temporada es una especie de regreso a las emociones que despertaba la primera temporada de Daredevil, tanto por la presencia de Fisk / Kingpin (Vincent D’Onofrio) repitiendo como villano principal, como por ese retorno a la oscuridad de Murdock/ Daredevil (Charlie Cox), a sus orígenes, a reinventarse prácticamente desde cero, emocional y físicamente destrozado, sin traje de superhéroe y sin amigos.

(A partir de aquí el artículo puede contener spoilers de las temporadas anteriores, si no las has visto, ya sabes qué has de hacer…)

La temporada de The Defenders, la reunión de súpers marvelita de Netflix, dejó un horizonte bastante negro para el bueno del letrado Matt Murdock. Cual ave fénix, Murdock se verá obligado a resurgir de sus propias cenizas para luchar (una vez más) por una ciudad que aún se encuentra muy lejos de la salvación. Los primeros episodios, especialmente el primero (que es también el más “tranquilo”, por decirlo de alguna forma) están claramente inspirados en Born Again, una de las cimas del cómic superheróico ochentero escrito por Frank Miller y dibujado por David Mazzucchelli, captando su esencia con bastante acierto hasta adentrarse en la trama principal de la temporada.

Daredevil se apoya en dos pilares maestros: la intensidad creciente de los hechos y una presión constante sobre sus personajes. No recuerdo un superhéroe que sufra tanto y se lleve tantas palizas (tanto físicas como emocionales) como el demonio de la Cocina del Infierno. Más que nunca Matt Murdock es una especie de mártir, siendo machacado una y otra vez, pero levantándose siempre con la misma determinación para tratar de hacer las cosas bien. Frente a él volvemos a tener al coloso Wilson Fisk, ahora entre rejas, pero mucho más peligroso y manipulador que nunca. La interpretación de D’Onofrio sigue siendo de lo mejorcito de la serie, siendo altamente recomendable verla en versión original, pues la voz y entonación de este hombre acojonan.

Un aspecto por el que Daredevil es, quizás, la mejor serie de superhéroes de la historia, es el trabajo y el carisma con el que están construidos sus personajes secundarios. A destacar la nueva incorporación del agente del FBI Pointdexter (gran trabajo de Wilson Bethel, presumo que le va a abrir varias puertas en la industria cinematográfica/ seriéfila), quien pronto se convertirá en Bullseye, uno de los principales villanos del demonio de Hell’s Kitchen.  Es de ley aplaudir a la estupenda Deborah Ann Woll y su Karen, que incluso dispone de un episodio para ella sola, así como al encantador Foggy (Elden Helson) compañero de fatigas legales de Murdock.

No hay que olvidarse de las tortas. Uno de los rasgos significativos de Daredevil son sus espectaculares escenas de acción, campo en el que la nueva temporada no defrauda en absoluto. Superada (por fortuna) la fase de peleas eternas contra ninjas de la segunda temporada, encontramos en esta tercera unas set-pieces de acción menos frecuentes de lo que se podría pensar, pero espectaculares en ejecución y sentido dentro de la trama.  Sobre todo me quedo con dos: el brutal plano secuencia del episodio 4 y cierta pelea en una oficina que brilla por su tensión e ingenio.

Pero no todo es estupendísimo. Como no podía ser menos en una serie de estas características, Daredevil se toma ciertas licencias y “fantasías” para precipitar unos hechos que, en ocasiones, chocan contra toda verosimilitud. También hay una revelación de corte telenovelesca que no mencionaré por no destripar nada, pero son detalles que no restan ni un ápice a la potencia, calidad y profundidad tanto en personajes como en temas que transmite la serie.

La nueva temporada de Daredevil ha llegado para recordarnos que las series basadas en cómics pueden ser inteligentes, adultas y espectaculares, que se pueden hacer temporadas de 13 episodios sin necesidad de rellenos o partes flojas y que la altura del héroe se mide en la grandeza del villano. ¿La temporada 4 para cuándo?

4 Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con el contenido. Me quedo con la primera y esta tercera temporada además de las de Jones, personaje que no conocía hasta que supe de la serie (se ve que mis tiempos de comics son anteriores a la aparición de este personaje).

    Como tú, estoy a la espera de una cuarta temporada que siga con el nivel que ha dejado esta, con actores bordándolo y personajes muy bien construidos.

    Lástima de series como Puño de Hierro y Powerman (si, aún uso esos nombres “originales”) no por su cancelación sino porque no llegaron a la altura de las expectativas creadas.

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