Crítica de la serie Castlevania

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En 1986 salía a la venta para NES un vistoso (y endemoniadamente duro) videojuego de acción en el que controlabas a Simon Belmont, un guerrero medieval con una complicada misión: matar, nada más y nada menos, que al mismísimo conde Drácula. El éxito de este primer Castlevania dio lugar a una prolífica y duradera saga de juegos cuya esencia es ahora adaptada en forma de serie de animación por Netflix. El estudio norteamericano Powerhouse nos ofrece, al más puro estilo anime nipón, una atractiva y adulta aventura que definitivamente deja con ganas de más.

Estos primeros cuatro episodios (para el año que viene hay confirmados ocho más) sirven para exponer el problema y presentarnos al villano y al héroe de la función, Drácula y el último descendiente de la casa de Belmont. Castlevania nos introduce en un mundo medieval oscuro y supersticioso, implacable y mortal. Importante el papel de ciertas cabezas visibles de la Iglesia de la época, con su afán de poder y oscuros planes y ambiciones, del sometimiento de un ignorante pueblo llano y con la figura del héroe (o quizás sería mejor llamarlo antihéroe dada su naturaleza solitaria, violenta y sus problemas con la bebida) como agitador de un mundo anclado y casi condenado de antemano.

La historia, escrita por el reconocido guionista de cómics Warren Ellis, mezcla aventura, terror y romanticismo (ya sabéis, es Drácula, y el amor es el desencadenante de todo). Una advertencia aquí, Castlevania es una serie extremadamente violenta y sangrienta, con un variado catálogo de monstruos y endemoniadas bestias pardas que deparan un buen número de horrendas imágenes y momentos que a alguno podría llegar a herir la sensibilidad. A pesar de lo que se podría pensar al ser la adaptación de un videojuego no es una serie para niños en absoluto (al igual que tampoco lo es demasiado la saga de Konami). Historia fuerte, lenguaje adulto y cantidades de sangre en pantalla como para necesitar un chubasquero por si acaso salpica son sus señas de identidad.

Un buen trabajo a nivel visual, sin llegar tampoco a la excelencia, y un más que correcto doblaje en castellano (que es como la he visto) hacen de Castlevania una serie llamativa especialmente para los fans de la saga así como de los vampiros en general. La nota negativa viene en cuanto a la duración, estos cuatro episodios en los que apenas se llega a las dos horas de metraje son tan solo un prólogo de la serie que ha de venir, un mero aperitivo que entra bien pero que deja con hambre. Un desarrollo de la trama justito, acción ultra violenta y unos personajes apenas esbozados es lo que ofrece de momento la serie de Netflix.

Habrá que esperar para ver a esta nueva serie despegar, pero estos primeros episodios suponen una buena introducción a un mundo feroz y lúgubre hasta el extremo. Un buen pasatiempo veraniego en el que las leyendas más negras y las criaturas más sanguinarias cobran vida previo paso por el infierno.

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