Análisis película American Beauty

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Sé que no descubro la gallina de los huevos de oro ahora que me dispongo a hablar sobre American Beauty. Desde su estreno, allá por el año 1999, no son pocos los críticos que han hablado sobre esta gran película de Sam Mendes. Sí, el mismo genio que nos trajo la increíblemente maravillosa Camino a la perdición (Road to perdition, 2002), la cual si aún no has visto, te recomiendo encarecidamente que tras leer esto vayas a hacerlo. Una obra atemporal que realiza una crítica a la (falsa) moral y a la necesidad que tienen las personas de guardar las apariencias por el que dirán de sus vecinos. De sus amigos. Y de la gente en general. Dejándose llevar como una bolsa de plástico en una corriente de aire.

Entrando ya en materia, la película tiene 3 tramas bien diferenciadas, aunque se relacionan entre sí. Esto no es raro si nos fijamos en que se encuentran en la misma familia. Por un lado, la del padre fracasado, al que la rutina le ha consumido y destruido a nivel anímico. Por otra parte, la de la mujer de familia, que esta empeñada en alcanzar el éxito en su trabajo y se preocupa por mantener las formas. La tercera trama, es la de la hija del matrimonio, la cual es poco popular y está muy acomplejada por su físico.

Todos estos problemas se enmascaran dentro de una familia típica americana. Es decir, se ajustan perfectamente al estereotipo de familia normal, que viven en un vecindario normal, Desde fuera, nada parece indicar que haya problemas en el núcleo familiar. Gracias a esto, vemos como la historia fluye de manera muy natural, pasando de una trama a otra con gracilidad. Quizá no sea el recurso más original de la historia del cine, pero no puede dudarse que es efectivo.

Antes de adentrarnos más en este artículo, quiero dejar algo muy claro. Me encanta Kevin Spacey. Creo que es un gran actor que consigue sacar el máximo de sus personajes. Uno de los ejemplos más claros es su papel en la serie House of Cards (2013). Y realmente, este es uno de sus mejores papeles.

De todas las tramas de las que se compone American Beauty, he de reconocer que la que más me atrae es la de Lester. Un padre de familia al que la rutina le ha ganado el pulso, reprimido a nivel sexual y que no encuentra una forma de volver a sentirse vivo. Lo que popularmente se ha conocido como la “crisis de los 40”. Demasiado viejo para sentirse joven, demasiado joven para ser viejo. Y sin embargo, lo suficientemente alocado como para cambiar de vida por un amor imposible. Por una chica que podría ser su hija. Una joven que, de hecho, es amiga de su hija.

Un amor imposible que hace que deje un trabajo que odia y se dedique a algo que realmente le gusta. Que hace que por fin levante su culo del sillón y se ponga en forma para intentar que se fije en él. El espíritu de un veinteañero atrapado en el cuerpo de uno de 40. Un grito de auxilio que por fin, logra salir al exterior. Una persona que se atreve a levantar la cabeza sobre el resto, enfrentándose a todos lo establecido, y por una vez en su vida, ser el bicho raro que destaca entre la multitud.

Por otra parte tenemos a su hija, que se ha percatado de este cambio en su padre. De eso  y de que se han mudado unos vecinos a la casa de al lado, y junto a ellos un chico de su edad. Una persona que por fin parece que la acepta tal y como es.

Por último, esta la trama que, personalmente, me pareció más floja. Una mujer que desea alcanzar el éxito y el reconocimiento de su entorno. Que busca fuera de casa lo que dentro no logra conseguir con un marido estancado.

A nivel visual, es una película muy bonita, capaz de reflejar el interior de los personajes con cada nuevo plano. No en vano, consiguió el premio Oscar a mejor fotografía (además de otros 4, incluyendo mejor película, guión, actor y director). Sus imágenes son tan poderosas que hay escenas que han pasado a la posteridad como grandes momentos del cine, como cuando Lester fantasea con todos esos pétalos de un rojo intenso cayendo sobre el cuerpo desnudo de su nuevo amor.

Realmente creo que American Beauty es una de esas películas que todo el mundo debería ver, al menos, una vez en la vida. Es la clase de películas que nunca llegan a desaparecer de tu memoria. Y eso, en un mundo tan audiovisual y con tantas opciones, es algo increíble.

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