Crítica película El proyecto de la bruja de Blair

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El terror en el cine se ha representado de muchas formas. De este modo, a lo largo de la historia del cine, se ha asustado mediante monstruos, asesinos y seres de otra naturaleza. Sin embargo, hay otra variante de terror que más allá de los jumpscares, busca atemorizar mediante una atmósfera y unas situaciones opresoras.

En 1999, se estrenó El proyecto de la bruja de Blair. Al igual que ocurrió con La matanza de Texas, esta obra cambió el sentido del terror y como presentárselo al espectador. La segunda nos presentaba, por primera vez, al ser humano como el protagonista de nuestras pesadillas. La obra que aquí nos ocupa, fue pionera al usar el found footage como método de contar historias.

Basicamente, el found footage consiste en que la película nos enseña las imágenes encontradas en una cámara de vídeo, para poder revivir los últimos momentos captados por ella. De esta forma, se consigue que el espectador se sienta parte de la historia. A partir de entonces, han sido muchas las películas que se han aprovechado de este sistema, como la española Rec, que contaba con la participación de Manuela Velasco, o Project X.

Ya desde antes de estrenarse, se hizo una campaña de marketing en la que denunciaba la desaparición de 3 jóvenes en un bosque(los protagonistas), con el fin de darle incluso más realismo a la historia. De esta forma, se proclamaba que la película era la recopilación de las grabaciones encontradas en el bosque, si bien los chicos seguían desaparecidos.

La historia de la película es muy simple a priori; unos jóvenes se dirigen a un bosque a grabar un documental hablando sobre una leyenda de la zona, la que trata sobre la bruja de Blair. De esta forma, y mediante el uso de 2 cámaras (una que se ve un poco mejor), observamos tanto escenas destinadas al documental como momentos íntimos de ellos. Es durante esta grabación, que nuestros protagonistas se pierden en el bosque, y sin saber como orientarse ni volver al pueblo más cercano, empiezan a dar tumbos, siendo alcanzados por la noche.

La primera vez que vi esta película fue con unos amigos, en una sala a oscuras y con un proyector. A pesar de la compañía, y de que normalmente ver una película de terror junto a amigos suele quitar toda la atmósfera, en más de una ocasión la sala estaba totalmente en silencio, y solo había comentarios en el momento en que se hacía de día en el film. Y es que esta película borda su ambientación, consiguiendo de esta forma que el espectador se meta de lleno, algo muy importante en el cine de terror.

Este es el ejemplo más claro de que no es necesario recurrir al susto fácil para conseguir que una película consiga meter miedo. La ambientación, junto a que en ningún momento se nos muestra lo que nos está rondando, hace que siempre sea nuestra imaginación la que juegue con nosotros, ya que el miedo a lo desconocido es el más poderoso.

 

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