Crítica película Caché

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Hoy pasa nuestro análisis una de las obras más mediáticas de Michael Haneke, Caché

La posición de la cámara durante una toma es realmente importante. A la hora de hacer una película, se toman una serie de decisiones, como que tipo de ópticas utilizar o que plano vamos a usar. De esta forma, se transmiten una serie de sensaciones al espectador u otras, para tratar de condicionar hasta cierto punto lo que sentimos hacia los personajes o las acciones que se nos muestran. Y la película que vamos a tratar, sabe mucho de esto.

Dicho esto, creo que Michael Haneke es un verdadero genio creativo, capaz de crear películas que horrorizan al espectador sin mostrar absolutamente nada. Y es que este director sabe perfectamente que el miedo a lo que no conocemos, a lo que nos espía desde la oscuridad sin que sepamos a ciencia cierta que es, es mucho más poderoso que cualquier escena en la cual se nos muestre explícitamente la fuente de nuestros miedos. En muchas películas de terror actuales, se peca en la necesidad de mostrar al “monstruo”, a lo que atormenta a los personajes, cuando realmente lo verdaderamente terrorífico es saber que hay algo sin saber realmente que nos atormenta. Y esto es lo que nos propone Caché.

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Caché es una película del año 2005 dirigida por Michael Haneke, siendo sus protagonistas los franceses Juliette Binoche y Daniel Auteuil. Consiguió el premio a mejor director en el festival de Cannes, y el de mejor película extranjera de la Asociación de Críticos de Chicago y los British Independent Film Awards.

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La película nos presenta la historia de Georges y Anne, una pareja francesa que viven tranquilos junto a su hijo Pierro. Durante toda la película, vemos que son una familia acomodada, sin problemas de dinero. Sin embargo, un día empiezan a recibir cintas, en las cuales se nos presentan imágenes de su casa grabada desde fuera, controlando sus movimientos. Algunas de ellas junto a dibujos grotescos, que parecen ser dibujados por un niño pequeño. Esto es interpretado por la familia como una amenaza, pero la policía no puede hacer nada por ayudarlos, ya que no se ha cometido ningún delito. Así, la familia vive con miedo, temiendo que lo que pueda llegar a pasar.

Así, de primeras, veo grandes similitudes con Funny Games, también dirigida por Haneke. En ambas películas, se nos presenta una familia que no presenta problemas económicos y que viven felices, aparentemente. Y de pronto, su integridad y bienestar se ven comprometidos por diferentes causas. En Funny Games es el secuestro por parte de los jóvenes, mientras que en la película Caché son las cintas que reciben las que cambian su rutina.

Sin embargo, la película no se centra en las cintas. Sí, es un método que usa el director para que la trama y los personajes avancen, pero al final termina siendo algo secundario. La obra de Haneke se centra especialmente en las relaciones de los personajes, y sobre todo, en la incomunicación. A lo largo de la película, queda patente la poca comunicación y la desconfianza que reina en esa casa; Georges no le cuenta a Anne ni la mitad de lo que piensa. Igualmente, vemos a la pareja muy distante entre ellos, así como con su hijo Pierre. Hay una escena especialmente reveladora, en la cual Anne llega de cenar con un amigo de la familia, y el padre, estando en casa, no sabe que su hijo no ha llegado aún, lo que nos da a entender que no se preocupa demasiado por su hijo. Sin lugar a dudas, es una familia muy fragmentada.

Otro ejemplo de esto lo encontramos en una conversación con el hijo, el cual insinúa que la madre está teniendo una aventura. Sin embargo, su forma de negarlo casi nos da a entender que está mintiendo, lo que unido a todo lo que hemos dicho anteriormente, nos devuelve al principio de todo: incomunicación y desconfianza.

Para contar su historia, Haneke recurre a un tipo de montaje bastante peculiar, y es que abusa en gran medida del uso de planos largos. No son pocas las veces en las que deja la cámara rodando y permite que veamos lo que sucede antes y después de la acción propiamente dicha. Por poner un ejemplo sin decir ningún spoiler, el primer plano de la película es de la casa de nuestros protagonistas, un plano general, que nos da perspectiva de donde va a desarrollarse gran parte de la película, pero además, tiene otro propósito, que es el de ponernos en el lugar del que graba.

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Y es que algunos de los planos que aparecen en la película pertenecen a las cintas que van enviándose a la familia, y nosotros como espectadores solo lo descubrimos cuando Georges y Anne rebobinan o aceleran la velocidad de la imagen. Personalmente, considero este recurso un verdadero acierto, ya que durante toda la película, estas siempre con la duda sobre si alguien está grabando esta escena o simplemente se nos muestra tal cual, además de añadir un cierto tono voyeurista al acto de contemplar las imágenes. Esto, junto al uso de planos tan largos, provoca que la tensión se alargue mucho, haciendo que la película mantenga una tensión casi constante, con muy pocas excepciones.

Es por ello que me sorprende que aún con todo esto, el espectador logre empatizar con los protagonistas, ya que Haneke lo dispone todo de tal forma que nosotros, como espectadores, mantengamos una cierta distancia con los personajes de la película, como si viéramos todo a través de los ojos del que graba las cintas, a pesar de que aquí lo de menos son los vídeos.

Realmente, Caché es una película bastante buena, aunque en ocasiones peca de ser un poco lenta. Si eres capaz de aguantar este ritmo de acción, tendrás como recompensa un buen filme, con un final que genera debate y hace pensar al espectador.

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