Crítica película Nerve

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¿Qué ocurriría si mezclamos el terror tecnológico que nos plantea Black Mirror y el típico juego de “Simón dice…”, hacemos un guion y rodamos una película? Pues que obtenemos algo como Nerve.

Reconozco que la premisa de esta obra me atraía enormemente: en una sociedad actual, miles de jóvenes se registran a diario en Nerve, una web en la cual pueden decidir si quieren ser jugadores u observadores. Si son jugadores, reciben retos durante 24 horas que deben ir superando para continuar en el concurso, consiguiendo así seguidores que pueden (y deben) grabar sus actos por las calles. Por otra parte, si eres observador debes pagar para acceder, pero puedes seguir en directo los actos de la persona que decidas seguir, comentarlo en directo y contribuir a proponer retos a los jugadores a lo largo de toda la ciudad.

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Así de primeras, sin profundizar en nada más, veo enormes similitudes con varios capítulos de Black Mirror, la popular serie de Netflix que hace tiempo estrenaba nueva temporada y que hablábamos sobre ello, y culmina de una forma que, al menos para mí, no es la más acertada, siendo este un final, que puede resultar precipitado y deja bastante cabos sueltos en la historia.

Porque sí, creo fervientemente que la película avanza en un constante descenso, sin frenos y a lo loco, según se desarrollan los acontecimientos. Quiero decir, si bien la presentación avanza a buen ritmo, no es hasta que comienzan los primeros retos cuando realmente el espectador se mete de lleno en la obra, acompañado por una pareja de protagonistas que resultan realmente convincentes. Sin embargo, en la segunda mitad del film, el argumento se toma a sí mismo demasiado en serio, y desde ese momento, la película pierde fuerza por momentos.

A esta película le achaco el mismo problema que le veo a la primera película de la serie de The Purgue; En ambas películas, el argumento se centra en exceso en pocas tramas, cuando en teoría hay un enorme mundo lleno de posibilidades que por algún extraño motivo no se nos enseña. Sí, es cierto, a lo largo de la película se nos enseña a otros jugadores haciendo alguna que otra prueba, pero el 95% de la película son tratados como puntos que se mueven en un plano general de la ciudad, despreciando tanto esas historias como esos retos.

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Pero si hay algo que me ha atraído de esta película es el apartado visual y el uso de la iluminación. Gran parte de la película se desarrolla de noche, y se utilizan en muchas ocasiones luces de neones para estilizar la imagen. Por momentos, tanto la fotografía como el estilo me recordaron mucho a la magnífica Drive, protagonizada por Ryan Gosling. Este tipo de iluminación, personalmente, en este tipo de historias resulta muy atractivo a nivel visual.

A modo de resumen y para terminar este análisis, estamos ante una película que, a pesar de contar con una gran premisa, se queda a las puertas de lo que podría haber sido una gran cinta. Sin embargo, la película marca un pronunciado descenso en la calidad desde más o menos la mitad del filme. No es un mal producto, insisto, he visto películas mucho peores, pero es una película que te deja un poco frío tras el final.

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