Matrix Resurrections: análisis y crítica

Veintidós años después Matrix vuelve al punto de partida con el legado y leyenda de Neo

‘Después de tantos años volver a dónde empezó todo, volver a Matrix’.

En Seriemaniac ya hemos disfrutado del estreno de la nueva película de Matrix, uno de los estrenos más esperados de los últimos años. Por eso, aquí os dejamos en primicia la crítica de Matrix Resurrections sin spoilers.

Matrix es probablemente la película de ciencia ficción con tintes futurista y distópicos más revolucionaria, icónica y significativa del cine del último siglo. Junto con Blade Runner, Terminator o Alien, es una de esas obras inmortales repletas de símbolos culturales e innovaciones cinematográficas capaces de marcar una época y dar sentido a todo lo que precedieron; sin olvidar claro a las genuinas y pioneras Metrópolis o 2001 odisea en el espacio.

Puede que bebiese, indudablemente de todas ellas, e incluso del cine asiático en sus coreografías de lucha y acción. Su atmósfera, su carga dialéctica, su poderosa escenografía, su trasfondo crítico, su visionaria narrativa y su trepidante acción son elementos que tomaron como referentes a las anteriormente mencionadas , entre otras, pero lo cierto es que la franquicia de Matrix tiene algo original que no puede negársele: Su extrema controversia moral e intelectual.

Matrix sin duda tuvo un impacto inmediato en su día. Por su fondo y su forma. Nos enseñó a esquivar balas, a saltar desde un edificio a otro, a pilotar helicópteros o aprender kung-fu en lo que dura un parpadeo; pero también nos generó una terrible duda metódica: ‘¿es este el mundo real?’. Y  bordo de esa cuestión nos transportó desde la ficción a nuestras preguntas más primarias y a una duda razonable que podría tambalear toda nuestra existencia. Y en los noventa eso era demasiado pedir.

La entrada en Matrix Cambió, en cierto modo, la vida de muchos de nosotros, cambió en muchos aspectos la forma de ver y hacer cine, cambió las reglas y hasta cambió de sexo a sus creadores. Los entonces hermanos Wachoswski, ahora Lana y Lilly, reduciendo la ecuación esta vez solo a Lana, inventaron una trilogía que ahora presenta su deseada e inesperada cuarta entrega de Matrix: Matrix Resurrections

‘Es como un deja vu, y a la vez algo nuevo’.

Eran y son muchas las incógnitas que han conformado el enigma de todo lo que ha envuelto el espectro Matrix, pero también muchas las ganas de conocer una explicación más razonable tras la confusa tercera entrega (Matrix Revolution), como también la necesidad de volver a ver a Keanu Reeves vistiendo la gabardina y las gafas de Neo; probablemente uno de los actores de acción más relevantes de la historia, pese a que no se hable demasiado de ello.

La Trinidad formada por Morfeo, Trinity y Neo se colaron en nuestros televisores durante un lustro en el que nos cruzábamos con un nuevo siglo y milenio en el camino, pero también con el Agente Smith, con el hacedor de llaves, con el Oráculo, con el Arquitecto, con Sion, con los Centinelas, con el niño de la cuchara y tantos otros signos y metáforas con las que Matrix inundó nuestra aturdida mente.

‘la elección es una ilusión’.

Todo está en esta cuarta entrega porque el mundo sigue siendo un lugar extraño que no podemos reconocer y del que no podemos escapar, elijamos la pastilla que elijamos, roja o azul. Sin embargo, en esta nueva epopeya son los nuevos personajes quienes nos van revelando algún dato más sobre lo que ya conocíamos. Y es que la paradoja del destino, el libre albedrío y todos esos códigos binarios nos hicieron estrujar la sesera hasta limites insospechados.

Las privilegiadas mentes de las Wachoswsky hicieron del cine de acción algo de culto, de la ciencia ficción algo psicológicamente existencial y del cine un vehículo para entretener a la vez que nos ejercitaban el intelecto. Parafraseando un diálogo, Matrix es pornografía cerebral.

Por no redundar en lo abrumador de todas sus innovaciones técnicas, digitales y visuales. Otro de los motivos por los que el regreso de Matrix se hizo tan anhelado. Sus mecanismos para la narrativa visual son tan abrumadores que es imposible no reconocer la autoría. Hay escenas que son Matrix y no podrían ser otra cosa. Algo que intentó la malograda Tenet de Christopher Nolan el pasado 2020, consiguiéndolo en mucha menor parte.

‘Esa es la belleza de las historias. Contamos la misma historia cada vez, pero cambiamos de nombre, cambiamos de caras’.

Hay algo presente indudablemente en esta película, y es su conceptualidad basada en la metaficción. Algo así como un metamatrix. Algo que homenajea su propia obra y a la vez la hace más cercana al público, como si quisieran romper esa cuarta pared del cine.

Además de ampliar el aura bíblica y cogiendo los errores de las anteriores entregas para conformar un argumento más pausado y reconstructivo que tiene impresa una latente intención de expansión.

La ansiedad se cura desde la nostalgia, pero esta vez lo hace volviendo al punto de partida desde la resurrección del legado y leyenda de el elegido. Concretamente el de Neo. Sin embargo, toda esa emocionalidad parece ser recogida en un mejor tratamiento de la relación entre los personajes de Neo (Sr. Anderson) y Trinity (Tiffany).

Si toda esa mitología de la franquicia va a tener un efecto intenso sobre el público está por ver, pero sin duda tenemos un producto para estas navidades que goza del entretenimiento, espectáculo y nostalgia necesaria como para arrastrar a miles de personas a las salas de cine.

Personalmente, gracias a Lana, Keanu, Carrie-Anne Moss Y compañía, he vuelto a mis 17 años, sentado en un sofá cuarteado con algunos amigos, pizza, cerveza, tabaco y más tiempo para vivir que vida. Sigo en su sofá, esta vez más cómodo, con cenas más ligeras, menos alcohol y sin tabaco, pero por momentos he vuelto a ser ese adolescente que necesitaba respuestas a todas las preguntas que se me abrían en el camino. y es que para ver Matrix…

Puedes leer más críticas como esta en nuestra sección: Críticas de cine.

‘Tienes que renunciar a todo, libera tu mente’

Tráiler de Matrix Resurrections

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