Crítica de la serie Euphoria de HBO

En 2018 Sam Levinson estrenó su película Nación salvaje. Una revisión contemporánea del clásico de las Brujas de Salem. En el film, unas adolescentes acusadas de brujería siembran el pánico en el actual pueblo de Salem, convirtiendo el lugar en el territorio idóneo para su particular purga.

Solo un año más tarde, HBO se fijó en el talento de este realizador para crear un relato sobre los actuales adolescentes norteamericanos: la generación Z.

La generación Z es una generación perdida —como la generación Y en la que me encuentro o los millenials—. La primera generación que vive una situación peor que la de sus padres —algo que sucede por primera vez en la historia de la humanidad—.

Una generación nacida tras el 11-S, nativos digitales los cuales se encuentran con un mundo en el que no han pedido vivir: devastado por el cambio climático, los populismos políticos, la irrupción de la ultra derecha, la crisis económica, la precariedad laboral y —por supuesto— las redes sociales.

En un mundo diseñado por el ego que se alimenta de los likes, las actuales normas sociales todavía siguen chocando de forma frontal con la tradición de los Estados Unidos y su doble moral. Esa que pudimos descubrir con la imprescindible American Beauty (Sam Mendes, 2000) en la que un padre de familia fantasea con la amiga de su hija y consume drogas para soportar esa insoportable levedad del ser de la que nos hablaba Kundera.

«Un buen día apareces en el mundo sin una brújula y debes elegir».

Escena de Zendaya en la serie Euphoria

Rue es la protagonista de Euphoria. El hilo conductor a través del cual vamos descubriendo la desoladora situación de los adolescentes. Tras un retiro obligatorio en una clínica de desintoxicación, regresa a su pueblo para enfrentarse a un nuevo año de instituto. Ella nos narra toda la historia a través de una poco fiable (¿quién sabe si la que habla es la droga de su cuerpo?) y desgarradora primera persona que recuerda a Mr. Robot a los buenos años de Dexter.

El punto de partida ya lo dice todo: jóvenes que ya han experimentado todo el dolor que la adicción a las drogas puede causar en ellos mismos y en sus seres queridos. Inconmensurable la actriz Zendaya, otro juguete roto escupido por la factoría Disney que de momento ha sabido reconducir su carrera sin pasar por las bizarros comportamientos de otras compañeras de generación como puede ser Miley Cirus. Zendaya, ya ha probado las mieles del éxito tras ser elegida como la nueva (enésima) partenaire de Peter Parker en el reboot de la nueva saga de Spiderman de Tom Holland.

Si Netflix sorprendió con la serie Por 13 razones (al menos en su primera temporada), HBO hace lo propio con Euphoria. Eso sí, con el habitual sello de calidad que hace que Euphoria se sitúe a años de luz en lo que se refiere a calidad respecto a Por trece razones.

Si bien es cierto que ambas series tienen un claro componente didáctico. Ambas deberían verse en los institutos como herramienta para prevenir el bullying o el consumo de drogas y alcohol.

Por trece razones fue acusada por esos lobbys trasnochados del país de las libertades como incitadora al suicidio. Nada más lejos de la realidad, la serie de Netflix era un ensayo sobre el acoso escolar y como los pequeños gestos que en ocasiones creemos inofensivos pueden tener consecuencias terribles para un adolescente.

«Vivir con el miedo de que en cualquier momento puedes perderlo todo».

Zendaya en Euphoria

La serie Euphoria, más de lo mismo. Es una serie que padres e hijos deberían ver juntos. El sexo y las drogas están ahí, nunca se han ido y siempre formarán parte de la vida. Pero retratos como el de HBO permiten comprender cuales son sus peligros y cómo se podrían prevenir: sobredosis, muerte, adicciones, violaciones, acoso sexual, acosadores cibernéticos… Sam Levinson nos muestra, sí, pero sin la pretensión de adoctrinar en cada escena. Simplemente presenta los hechos, nosotros juzgaremos.

Euphoria resulta un retrato verosimil de la sociedad norteamericana, eso sí, en ocasiones —al igual que en la película Nación salvaje— llevado al extremo. O al menos, eso quiero pensar. Espero que los adolescentes norteamericanos o europeos no lleven las lógicas locuras de juventud que se muestran en la serie, hasta el punto en el que vemos durante los ocho episodios de la primera temporada.

Sam Levinson realiza una obra de arte al alcance de muy pocos, quizá solo a la altura de la magia que desarrolla Jean-Marc Vallée en cada una de sus series (Big Little Lies, Heridas abiertas) o en sus películas. Euphoria es arte en estado puro. Una de las propuestas visuales más atractivas de los últimos años, si incluimos a las citadas series de Vallée o ese experimento tan maravilloso como subrrealista de Refn en Too old to die young.

«Me da envidia vuestra generación, no os importan las reglas».

Una disección de la soledad y la brecha tecnológica y emocional que hoy en día separa a los padres con sus hijos. Este mundo al que nos enfrentamos —casi distópico— aplasta los sueños y esperanzas de cualquiera. Sobre todo, el de unos adolescentes indefensos que se encuentran solos, muchas veces por la propia miopía o inoperancia de sus padres. Ellos no tienen la culpa de la sociedad que les ha tocado vivir, se han encontrado el mundo así. Creen que la validación social solo se consigue a través de sus falsos ídolos (ese quarterback con pies de barro y conductas psicópatas) y de las redes sociales.

La serie es impactante, prueba de ello es que ha sido la serie más comentada en redes sociales (solo por detrás de Juego de tronos). Un gusto adquirido que no siempre es fácil de paladear, no siempre es fácil mirar a la cara a la sociedad y comprobar nuestro propio rostro desdibujado por los temores, la culpa, la inseguridad, el odio.

Escenas de sexo explícito, orgías, desnudos integrales de chicos y chicas, drogas de todo tipo, violaciones… Es la superficie que encontramos en la serie, el vehículo para adentrarnos en la exploración de un mundo sorprendente: nuestra sociedad.

Jules y Rue en Euphoria

Mezclado todo ello con esa maestría que Levinson muestra tras la cámara. Especialmente, con la elección de los planos, la banda sonora y las escenas que sirven de apertura a cada episodio, en las cuales, se narra el relato de algún personaje convirtiendo los fotogramas en poesía. Amén de escenas oníricas en las que la protagonista Rue fantasea con ser un detective de homicidios, o las alucinaciones cuando se pone hasta el culo de pastillas. Todo eso aderezado con algunos flashazos de imágenes reales de la historia reciente de Estados Unidos, a saber: Trump, Torres Gemelas, terrorismo en las aulas, etc.

Por si fuera poco, en esta historia de soledad también encontramos una ¿bonita? historia de amor, o quizás varias, las cuales nos hacen plantearnos las relaciones sentimentales en un momento en el que el amor verdadero parece estar pasado de moda.

Por todo esto, la serie Euphoria resulta increíble y maravillosa. Por todo esto, decidimos asomarnos al mundo caótico de estos jóvenes que buscan huir de un mundo que no entienden, experimentando con todo tipo de sensaciones para buscar —y quizás conseguir— su único momento de euforia.

Tráiler subtitulado de la serie Euphoria de HBO

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