Análisis sin spoilers de la serie Creedme

Creedme llega a Netflix sin hacer demasiado ruido, pero lo cierto es que va a levantar mucho polvo.

Miniserie de ocho episodios que narra la verdadera historia de Marie, una adolescente que fue acusada de denunciar falsamente que había sido violada, y las dos detectives que posteriormente a los hechos siguieron un camino sinuoso para encontrar la verdad.

Basada en el artículo ganador del Premio Pulitzer «An Unbelievable Story of Rape».

Sigue en auge la producción de series del tipo True Crime, y quizás tenga que ver con la calidad cinematográfica que imprimen a los hechos reales que en su momento supusieron un choque mediático. Pero, si algo caracteriza estas producciones es la capacidad que tienen de despertarnos renovadas y contradictorias emociones sobre sucesos de los que ya sabemos su desenlace.

Hacen de los matices más íntimos el motor de la intriga y de la tensión argumental, revelando no solo los detalles procesales de cada caso, sino también la forma en que calan en las personas que los han vivido; lo cual abre un prisma subjetivo en el espectador. De alguna forma reactivan la capacidad crítica y analítica de la condición humana y de la conducta social en determinadas situaciones relativas al crimen y la justicia, y sobre todo en ciertos casos que estuvieron envueltos en controversias y dudas razonables.

Mindhunter, American Crime Story, Unabomber, entre otros son ejemplos de esta nueva línea televisiva…

Creedme. Esta nueva apuesta de Netflix añade, además de todo lo anterior, otro condicionante más para causar impacto y atractivo al espectador; y es el carácter incómodo que genera la narración cruda, fría y escéptica de un suceso tan devastador y dañino como una violación, para volcar el interés en cómo se enfrenta la víctima y su entorno al día a día tras algo semejante.

Lo peliagudo de esta serie es que traslada al espectador, con punzante sutileza y meticulosidad, una coyuntura que nos sitúa en un dilema moral, social, policial y legislativo. Los mecanismos sobre los que descansa la ley en este tipo de casos deben jugar con varias disyuntivas: el miedo y la vergüenza ante una denuncia, la posibilidad de una falsa denuncia o los propios procedimientos policiales. Todas estas variables modifican, enturbian y condicionan cada caso, a cada víctima y a cada culpable.

Sin embargo, desde el inicio, el enfoque narrativo de la serie se centra en la visión procedimental del interrogatorio y la investigación policial con tanta intensidad y firmeza que es capaz de abstraer al espectador de todo lo que le rodea para sumergirse de lleno dentro de esas salas de interrogatorios. Aparece de forma manifiesta la Técnica Reid, y cómo esta ejerce una apabullante presión sobre el acusado. Esta técnica se utiliza a menudo para extraer confesiones en consabidos culpables, pero en este caso todo está la controversia y el error. Es la víctima, la que debe afrontar esa presión, en medio de un terrible shock post traumático, acarreando una culpabilización e induciendo a esta a convencerse de su propia culpa.

Aunque es de producción americana, el estilo británico de rodaje y edición es notorio y de agradecer. Sin sensacionalismo ni alardes, Creedme presenta una edición sobria, sofisticada, convencional y limpia, que abre una amplia gama de estímulos con el lenguaje visual y gestual con los planos individuales de las protagonistas de la historia; interpretadas magistralmente por un reparto altamente femenino (siguiendo la línea de ‘Big Little Lies‘), entre las que destacan Toni Collette, Merritt Wever, Kaitlyn Dever

Pese a que hay momentos en los que el estómago y el alma sufre viendo la serie, como ocurre con otras series como Así nos ven, es innegable el minucioso respeto que se ha procurado con el lenguaje visual, y como éste engarza perfectamente con la estructura de guión, construida sobre dos tramas paralelas muy bien guionizadas, que van ganado energía a medida que avanzan los capítulos.

No cabe duda que este tipo de series en auge, ayudan a la conciencia colectiva, pero también a conocer en qué tipo de mundo vivimos y cómo funcionan sus engranajes. El True Crime está ahora de moda en la pantalla, pero por desgracia en la realidad siempre lo está.

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