Joe Berlinger pinta un lienzo cinematográfico con la figura de Ted Bundy

Se ha leído y visto mucho sobre el maníaco depresivo más famoso de los años 70, Ted Bundy, pero Joe Berlinger se ha marcado este 2019 un trabajo cinematográfico que casi podría ser una tesina o un doctorado de este sujeto, por llamarlo de alguna forma a este esperpento humano.

Un documental basado en las cintas de Ted Bundy y una película protagonizada por Zac Efron y Lily Collins llegan a Netflix esta semana. En realidad, el documental ya estaba estrenado unas semanas, pero la película irrumpió ayer en la plataforma de streaming, y es en ella en donde enfocaré esta reseña, crítica o análisis. Como queráis llamarlo.

Sea como sea me parece uno de los pocos largometrajes decentes que Netflix ha lanzado en lo que va de año, y es que estando dirigido por un experto en ese género biográfico documentalista como es Joe Berlinger (Paraíso perdido, Under African skies, Metallica: some kind of monster o Intent to destroy, entre otros…) la película apuntaba maneras nada más ver la portada, el título y su nombre impreso en el faldón.

Le das al play y desde el primer minuto ya te das cuenta de que Berlinger quiere plasmar la atmósfera patológica con sugestiva sutileza y con su particular línea visual inquietante y magnética. Plantea una interesante propuesta con un enfoque perpendicular entre lo humano y lo monstruoso para describir en un amplio espectro de tiempo el proceso delictivo y judicial de Ted Bundy, desde el prisma de Elisabeth Kloepfer, con quien el asesino y secuestrador convivió durante varios años mientras ejecutaba sus crímenes.

Por tanto, pronto entendemos que el largometraje afronta una visión distinta a la criminal. Joe se adentra en la parte judicial, alejándose de los crímenes per se, pero sin dejar de mostrar ese embaucador cinismo en cada escena y mirada. El contexto global muestra  la ambigüedad y arbitrariedad de un larguísimo proceso judicial que mantuvo expectantes y contrariados a multitud de americanos. Tal cual fue su obra y crimen, esos juicios en serie acaban reflejando una red de mentiras y doble moral que marcó la vida de Theodore (Ted) Bundy desde su infancia.

Una cadena de despropósitos y de juegos de gato y ratón que acabaron cambiando el juicio por un evento popular para enardecimiento de un ser extremadamente narcisista, despiadado e inteligente, que incluso pudo defenderse a sí mismo gracias a los estudios de derecho que obtuvo. Hasta que topó con el juez que le sentenció con una frase que para mí marca el todo de este suceso:

Podríamos haber sido Amigos, y sin embargo, hijo, elegiste otro camino. ¡Hoy hemos asistido a otro ejemplo del desperdicio de la humanidad!

La estructura de la trama avanza a través de multitud de elipsis y paralelismos temporales, que pueden resultar confusos pero que están salpicados de multitud de matices y detalles que pueden reconocer y recolocar aquellos que hayan indagado un poco en la biografía de este ser poco humano.

Sin embargo, donde el director centra su intención primera es en la zona introspectiva y emocional del personaje de Elisabeth. Es en ella donde va desembocando el devenir de los hechos. Es como una esponja que absorbe todo lo que va aconteciendo, hasta mantenerla en un limbo entre la negación y el miedo.

Si además añades a tu lista de reproducción el documental previo que lanzó Berlinger hace unas semanas, encajarás varios vacíos que quedan y complementarás la particular visión de una persona que debe convivir y dormir junto a un monstruo, aceptando poco a poco que esa es la realidad de su día a día a razón de un mero sentimiento de dependencia. Era demasiado bonito para ser mentira, salvo porque no era bonito y todo era mentira.

Lo cierto es que la energía del filme se ve reforzada por un reparto de actores (Junto a los dos protagonistas destacan también John Malkovich, Jim Parsons, Angela Sarafyan, Kaya Scodelario o Haley Joel Osmentcomprometidos con la causa, y que junto con la acertada ambientación logran aportar un aura muy creíble a la escena. A destacar la mímesis gestual y física de Efron, que además completa para mí su mejor versión como intérprete.

Como cierre, Berlinger, Efron y Collins se marcan un impresionante final que saca a la luz el factor más determinante en todo el proceso y que incluso para los que conocíamos la historia, acaba sorprendiendo, gracias a la maestría del guión que supo reservar la noticia clave para el último momento, convirtiendo algo predecible en un clímax extremadamente sobrecogedor.

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