Vuelve Creed y el cine de acción de calidad

Creed es el imperativo del verbo creer. Es posiblemente esa intención la que recojo de la película y por extensión de la saga de películas de Silvester Stallone, Rocky.

Creer en uno mismo es el camino para lograr encontrarse, para lograr la paz, la redención, la victoria.

Sin duda, Rocky forma parte la vida de muchos de nosotros, ha conseguido marcar una generación y además convertirse en una saga generacional con el paso del tiempo, salvo por un par de matices que ahora comentaré.

Creed II apela directamente a la cuarta entrega de la saga, en donde esa venganza combativa entre Iván Drago, (el púgil que asesinó a Apolo Creed) y Rocky Balboa logró darnos uno de los combates más épicos de toda la historia del cine. Pero esta nueva entrega no queda sólo ahí, se traslada con una narración gris y pausada hacia una exaltación familiar melodramática.

Padres e hijos. Rocky nos sigue dando lecciones de moral, lecciones de vida y nos deja claro que la lucha no es contra el contrincante sino con uno mismo. Es así como se ganan las batallas, logrando derrotar los miedos, los orgullos y las cargas que portamos a diario en nuestra mochila.

Esta vez, la venganza llega en formato shakespereano. El hijo de Apolo (interpretado de nuevo por Michael B. Jordan) y pupilo de Rocky trata de redimirse y de hallar su propio legado a través de un combate contra el hijo de Drago, al que le persigue la sombra del fracaso de su progenitor.

En esa línea avanza de forma crítica el devenir de una película que aunque intenta desmarcarse, excese quizás en demasía ciertos patrones de la cuarta entrega, hasta el punto de ser excesivamente previsible. Otro de los contras es que vuelve a caer en esa dualidad que fijaba la Guerra fría, época que ya pasó.

El americanismo vuelve a la escena mostrando el colorido, la comprensión, el patriotismo y la hermandad de USA en contraposición a la frialdad, rudeza y vileza de la madre Rusia. (posible spoiler).

Me queda esa escena final en la que un hijo fracasado mira con orgullo a un padre fracasado y que nos devuelve esa humanidad perdida en muchas ocasiones de los soviéticos.

Y luego están los combates, los púgiles. De nuevo David contra Goliath. De nuevo esa heroicidad que arrastra al público. Si bien no son tan épicas o trascendentales las peleas, sin duda son marca de la casa y Stallone sabe trabajar y hacer trabajar dentro del ring, pero también fuera.

Este muchacho de 60 y pico años sigue dando guerra y cultiva poco a poco ese cariz dramático actoral que muchos de nosotros agradecemos.

En definitiva, una película imprescindible para los amantes de la saga pero que no descubre ni aporta nada nuevo salvo dos horas de melodrama y entretenimiento que pasan rápidas y que no dejan de tener en el horizonte el recuerdo de la querida Adrian.

La duda que me queda es saber qué pasaría si Stallone no estuviese en esta película. ¿Acabaría siendo una película más dentro del cine medio?

No obstante, Rocky, gracias por entretenernos y por enseñarnos. Nos vemos en Rambo, en su nueva y suponemos última entrega que al parecer llegará a las pantallas este 2019.

Puedes leer más de mis artículos en este enlace: Artículos Víctor Mirete.

Tráiler subtitulado de Creed 2

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