Reseña de la serie Muñeca Rusa

Análisis sin spoilers de la serie Muñeca Rusa de Netflix

Nadia es una treintañera desinhibida y deslenguada que celebra en un piso neoyorkino su fiesta de cumpleaños sin saber que esa será la última vez que cumpla años…

O quizás sea más correcto decir que lo hace sin saber que esa será la misma vez que cumpla años el resto de su vida. Una y otra vez. Nadia muere poco después atropellada por un coche, rompiéndose el cuello en una caída por unas escaleras, ahogada en el río… pero siempre vuelve a la vida la misma noche de su cumpleaños, en el mismo cuarto de baño. Sin saber por qué el ciclo vuelve a empezar.

Con esta premisa tan atractiva y propia del día de la marmota, atrapada en ese bucle temporal que siempre acaba en muerte, da comienzo Muñeca Rusa, una de las series más originales y estimulantes de los últimos tiempos. Una serie que, si logras entrar en su mundo, en su juego, puede resultar una de las más satisfactorias de la parrilla actual.

Puedes escuchar nuestro podcast de series en el que también analizamos la serie: Podcast muñeca rusa.

Muñeca Rusa no es una serie fácil, es rara como un perro verde, y precisa de cierto tiempo de “aclimatación” (al menos un par de episodios) para cogerle la onda. Su protagonista, una espectacular y descacharrante Natasha Lyonne (que también hace las veces de guionista y dirige algunos episodios) es el alma de una fiesta no tan lúdica como pudiera parecer. La nueva serie de Netflix mezcla comedia y drama con una facilidad y precisión asombrosas, manteniendo un tono cómico general que de cuando en cuando decae para golpearte con una bala dramática que te deja bien clavado en el sofá.

Al igual que evoca el título, con el paso de los capítulos vamos descubriendo más capas y facetas tanto de Nadia como de otros personajes que la rodean, sirviéndose la historia de ese impasse espacio-temporal y del juego muerte-resurrección para ahondar en diferentes y capitales temas del mundo en el que vivimos: de nuestras emociones, de los traumas que nos tienen presos, de la moralidad o la dificultad de encontrar una auténtica mano amiga. En definitiva, del millón de detalles, positivos y negativos, tristes y alegres, egoístas y desprendidos, que conforman nuestra existencia.

Mención especial para unos diálogos ingeniosos, chispeantes y también punzantes (creo que hay pocos colectivos que se queden sin puyita). En ocasiones profundas y en otras irreverentes, las líneas que van soltando los personajes, en especial el de Nadia, marcan el ritmo de una serie tan inteligente como divertida. Ocho episodios que se ven del tirón y que a través de su atrayente y complicado envoltorio nos hablan de cuestiones tan básicas pero trascendentes como las debilidades y fortalezas del ser humano.

Porque al final, como bien reza su eslogan, “morir es fácil, lo difícil es vivir”.

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