Reseña sin spoilers de la serie de Netflix Narcos: México

Los narcos han vuelto a Netflix, y lo han hecho con su dosis habitual de violencia, drogas, ambición, corrupción y muerte. Ese cóctel que tan buenos resultados dio en sus primeras tres temporadas. Ha cambiado el entorno, ya no estamos en Colombia sino en México, se cambia en un principio la coca por la marihuana, los hijueputas por la chingada, pero la esencia sigue siendo exactamente la misma. Narcos: México podría ser considerada tanto una cuarta temporada como una precuela de esas que tanto le gusta a la industria en los últimos tiempos. El espíritu es el mismo, e incluso hay algún personaje secundario por ahí que repite y varios cameos, continúa esa voz en off instruyéndonos sobre la historia del crimen mexicano(recomendable escuchar a Scoot McNairy en versión original), presentándose un buen puñado de personajes duros y sedientos de dinero y poder.

La trama de Narcos: México se estructura (salvando las distancias, que no son pocas) al estilo Heat de Michael Mann. Tenemos por un lado al agente de la DEA Kiki Camarena (Michael Peña), un idealista agente de la ley que desea tanto medrar en su carrera profesional como acabar con todos los “malos” de una buena vez; por el otro se nos presenta al que será el jefazo del cártel de Guadalajara, el ex policía Miguel Ángel Félix Gallardo (un soberbio Diego Luna, que volverá a ser el Cassian Andor de Rogue One en una futura serie de Star Wars), un tipo inteligente y con visión de futuro que logrará unificar buena parte del crimen organizado del país norteamericano. Es al calor de ambos donde se desarrolla una historia cuyo destino no puede ser otro que la colisión.

Este nuevo acercamiento a las andanzas de los reyes del narcotráfico americano continúa siendo un viaje entretenidísimo y didáctico, apoyado en unos increíbles hechos y personajes reales, con gran ritmo, balas y lenguaje deslenguado. A pesar de disponer de un par de protagonistas potentes, no se puede evitar echar de menos al agente Javier Peña (interpretado por Pedro Pascal) y a los narcos colombianos. Escobar era mucho Escobar, y el  grupo que le sucedió en la gran tercera temporada no le andaban a la zaga. Aún así esta nueva temporada se las apaña para llenar ese hueco con un buen número de pinches cabrones.

La ambientación, como no podía ser de otra manera, es estupenda. Los hermosos paisajes mexicanos se suceden mezclándose con otros ambientes sucios, con las ostentosas mansiones de los capos de la droga y el estilo y música de los años ochenta. La corrupción en sí misma es casi un personaje más de la trama, uno crucial, ya que el cártel de Guadalajara operaba gracias a la ayuda de las autoridades, en una intrincada red de sobornos y beneficios que parece no tener fin.

La temporada va creciendo en intensidad episodio a episodio, una vez que ya están presentados los personajes, e incluso hace una especie de tour nostálgico (y hasta aquí puedo leer) en el genial episodio 5. Quizás el mayor problema sea que no inventa nada nuevo, todo lo que ocurre, aunque muy bien narrado,  suena a ya visto, como si estuviese realizada con piloto automático. ¿Es esto un obstáculo para disfrutarla? En absoluto. Es verdad que no hay demasiada innovación, pero sí que están todos los elementos necesarios para conformar un thriller criminal sólido.

En los minutos iniciales del primer capítulo ya nos avisan de que esta es una historia sin final feliz, y solo hay que estar un poco atento a las noticias y la prensa diaria para comprender que esta guerra aún no ha acabado. El célebre Chapo, potentes cárteles que aún operan a día de hoy en México, imperios que se levantan y que caen… De eso va toda esta historia, del inicio de una sangrienta contienda que parece no tener fin, de egos, de poder, de dinero, todo sazonado con un ritmo trepidante y adictivo, personajes potentes y tormentas de balas. Desde luego la fórmula funciona, todo hace indicar que tenemos Narcos para rato.

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