Fargo o cómo reinventarse con éxito

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Crítica temporada 2 de Fargo

Un atropello con fuga, en mitad de la noche, tras el avistamiento de un ovni sólo podía ser parte del  inicio de la segunda temporada de Fargo. La nueva entrega de esta genial serie se estrenó el pasado doce de octubre y, por el momento, no está dejando a nadie insatisfecho; no en vano, se convirtió en una de las  revelaciones del pasado año junto con la aclamada True Detective.

Con una trama independiente de la anterior (puedes leer la crítica de la primera temporada de Fargo en este enlace), en esta ocasión un joven Lou Solverson (Patrick Wilson),  veterano de Vietnam trabaja codo con codo al lado de su suegro Hank Larsson  (Ted Danson) para resolver un asesinato múltiple perpetrado en una cafetería cercana al pueblo de Luverne y que parece estar relacionado de algún modo con la familia Gerdhart, dueña del emporio mafioso de la zona, que a su vez se verá envuelta en una guerra con la organización criminal de Kansas City.

Cierto es que la primera remesa dejó el listón muy alto. Temía que se convirtiera en una de esas series de las que nunca se debió realizar una siguiente temporada, para que su estupendo recuerdo permaneciese inalterable en nuestra memoria y no tuviésemos que vernos forzados a decir aquello de: “Segundas partes nunca fueron buenas”, pero la verdad es que este fantástico thriller dramático con notas de humor negro, producido por los hermanos Cohen, tiene  todo lo necesario para que no podamos despegarnos de nuestras pantallas y, aquí me refiero a uno de sus puntos fuertes, los personajes:

Este amplio abanico de roles tan divertidos como aterradores, capaces de pasar de la violencia extrema a la cotidianidad de la vida doméstica, en un abrir y cerrar de ojos, roza el surrealismo; la visión que cada uno de ellos aporta sobre si mismo y sus particulares circunstancias, sus diálogos e incluso sus monólogos son, simplemente, brillantes. Todos ellos  desprenden una fuerza interior que consigue que en esta producción no exista papel pequeño.

Destaca, entre muchos otros, Peggy Blumquist a quien da vida Kirsten Dunst (Entrevista con el Vampiro, Melancolía, Maria Antonieta); por un lado, es una chica frágil y abnegada esposa que trabaja como peluquera en un pequeño pueblo de Minnesota, por otro es una mujer despiadada y manipuladora,  a menudo poco consciente de la realidad que le rodea, capaz de cualquier cosa para lograr cumplir sus absurdos sueños y así poder escapar de su encorsetada existencia.

La transformación física de Dunst para el papel es admirable (dice haber engordado veinte kilos comiendo pizza a diario).
También, hay que mencionar a  Jean Smart (Frasier) que se mete en la piel de Floyd Gerdhart, la matriarca del sindicato del crimen en Dakota del Norte y una de mis favoritas. La dinámica de esta férrea mujer con los demás intérpretes que componen la familia criminal funciona a la perfección; su palabra es ley, la inteligencia que transmite verdaderamente intimidante y, el aplomo con el que encaja los reveses que la vida le propina la dotan de una innegable humanidad evitando caer en el exceso. Un personaje perfectamente conformado y sin fisuras interpretativas.

Uno de los personajes secundarios, aunque no cuando aparece en pantalla (se hace totalmente con la escena), es Hanzee Dent interpretado por Zahn Mcclarnon. Acogido en su infancia por Otto Gerdhart se ha convertido en el perro de presa de la familia, encargado de las tareas más ingratas ha demostrado ser un asesino más que eficaz y un elemento fundamental en la cinta. Su mirada y ese rictus hierático combinado con su origen nativo americano nos deja helados.

Olvidando por un momento este increíble elenco hay que resaltar la estupenda banda sonora,  que corre a cargo de Jeff Russo y  contribuye aún más a la reinvención de la película de los Cohen, rescatando también temas de los setenta que te introducen de lleno en la historia. Con una ambientación inmejorable y una escenografía que nos transporta a 1979 sin que nos demos cuenta,  con planos que parecen estar rodados en el antiguo celuloide y un gusto por el detalle que es exquisito; su creador, Noah Hawley, demuestra que no da puntada sin hilo, permitiéndonos disfrutar de una factura soberbia y dejando claro así que lo único negativo de esta ficción de la cadena FX es que tan sólo quedan tres capítulos para que concluya.

Discussion1 comentario

  1. Completamente de acuerdo. Es una serie maravillosa. Tiene la cualidad de mantenernos en vilo porque no sabemos cuál va a ser la siguiente víctima de este festival de sangre. Larga vida a Fargo. En mi blog también hice una reseña a la serie.

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